MONG ISEUL-BIN
Con solo 25 años, Iseul ya ha conocido la vida desde diferentes posiciones sociales y económicas. Desde adolescente se ha aferrado a la danza como su más fiel compañera.
Sigma aroma a jengibre y miel
Aroma destinado: chocolate amargo
Ocupación en el club: artista
Ocupación fuera del club: bailarín profesional, profesor de danzas
Orientación sexual: homosexual
En una relación con: Nanasuma Yuichiro

Nanasuma Mong, Kairi
Fecha de nacimiento: 12 de enero de 2024
Primer aroma: Fresas
Cuenta OF: @w._.haru

WOLF
Nombre: Lūkha
Número de vidas pasadas: una vida previa
Subgénero: sigma
Aroma del lobo: jengibre
Aroma destinado: chocolate amargo

De 82 cm de altura y 139 de longitud, posee ojos fucsia y pelage tricolor (negro, beige y blanco), con tonos más oscuros en su lomo y base de sus orejas. En la punta de la oreja izquierda, a su vez, posee un pequeño faltante producto de una herida del momento de su presentación.
HISTORIA
0. I’m an alien on this earth
Los registros del asilo de huérfanos en donde se crío solamente decían que Iseul Bin había nacido un 25 de octubre de 1998 en un país al otro lado del mundo. Nada había sobre qué había pasado con sus padres biológicos, qué hacían allí o por qué aquel niño había sido dejado en un el pórtico de una monja ortodoxa de un pueblo rural de Corea. Todo el resto vino después. Por ello, cuando asistiera a la escuela primaria pública local le gustaría decir, casi como si estuviese dando el discurso internacional más importante y —al igual que ocurre en casos asi— como si el patio de aquella fuese el estrado más glamuroso: "cuando cumplí 5 años humanos, los alien decidieron dejarme aquí para cumplir una misión mucho muy importante. Pero debo cumplirla sólo y nadie debe saberla porque es secreta" —como todas buena misión—. Tener 6 años podía ser fácil, tener seis y sólo uno de registros medicos, educativos y de vida no tanto. A eso agrégale vivir en un asilo de huérfanos. Triste y desafortunado para sólo un niño, ¿No?

I. Nothing is worse
A Iseul podrían haberle faltado muchas cosas indispensables para un niño: una familia, una identidad completa, cariño, un abrazo en días tristes, una excursión con la escuela y tal vez un lugar y mantas calidas que lo protegieran de monstruos y pesadillas. Pero, al menos, no podría, ni debía, —como bien les gustaba decir a las monjas del asilo— quejarse de que le hubiera faltado un lugar donde dormir, educación y alimento. Que fuera de buena calidad y adecuado para su edad ya era otra cuestión. Cualquier otra cosa que se atreviese a desear debería correr por su propia cuenta pero siempre sin dejar de atenerse a las reglas del lugar. Que aquello era un hogar, no un motel —esa también era una de las tantas frases favoritas de las monjas ¿Irónico, no?—.
II. A big head full of dreams
Otra cosa de las que no carecía el niño, como han podido notar, era su gran imaginación, curiosidad y capacidad de aprender. De allí habían nacido principales fortalezas, su soporte vital y la razón de todos los golpes recibidos. Ni las palmas abiertas marcadas en sus mejillas, ni los cintos, las reglas ni la violencia psicológicaa lograron apagar aquella chispa que mantenía vivo al niño y que tanto dolor de cabeza le causaba a los demás.
A la par que el crecía en edad, conocimiento y en record de golpes acumulados, crecía también el dolor de cabeza, cansancio y resignación del resto. Hasta que, al fin, —y a favor de la salud del cachorro— la resignación cubrió lo demás y sumó al desinterés a su juego. Iseul podría jalar las faldas de las maestras en busqueda de atención, perseguir a quién estuviese de turno en el asilo sin dejar de parlotear o compartir su nuevo descubrimiento con algún compañero de clase que nadie, absolutamente nadie le daría más que, en el mejor de los casos, onomatopeyas de falso interés.
Nadie entendió nunca como es que, a pesar de ello, el niño siguió con lo suyo como si nada estuviese mal. Él sabia, sin embargo, que necesitaba ser su propio amigo porque si los aliens volvieran a buscarlo para llevarlo a un lugar mejor y colorido no podían encontrarlo muerto o sumido en un triste desasosiego.

III. A wonderfull thing called dance
"A los 11 años —establecía el reglamento del Asilo— los niños y niñas debían ser responsables de llegar a clase y regresar según el horario sin necesitar supervisión alguna. De ser necesario podían o no tomar clases extra o asumir otras actividades pero siempre con el debido aviso. Quienes no cumplieran alguna de estas reglas, serían severamente castigados."
El Iseul de 11 años no sólo cumplía el horario a como hubiese lugar. Sino que hacía pequeños mandados para los vecinos del pueblo. El mismo se había encargado de organizar su horario y ofrecer sus servicios puerta por puerta a cada casa a 2km al rededor. Viéndolo en perspectiva tenía más disciplina que cualquier adulto asalariado que podrías conocer jamás.
Había muchas cosas que el pequeño aspiraba a tener: un walkman con el que ocultar las feas tormentas con música, patines, zapatillas nuevas, medias con los divertidos dibujos de moda, algo delicioso para el gato que cruzaba camino a la escuela y, especialmente, cubrir al menos una sola cuota de las clases de danza que se dictaba en la escuela. Si obtendría el dinero suficiente, ninguna de sus cuidadoras podría negarse a que asistiera. A decir verdad, tampoco les importaba una mierda si lo hacía o no, pero Iseul había aprendido la importancia de no decir todo lo que pensara de la gente a la gente en cuestión. Lo había aprendido en la sección de literatura de la biblioteca local, claramente. Pese a todo, también, les tenía bastante respeto. Al fin y al cabo lo habían alimentado y todas ellas eran lo que se llamaba alfas, por lo que "debía deberles respeto. Todas las acciones tenían sus consecuencias" —sus palabras, no las propias—.

IV. A wolf, a friend
Como todo en su vida, su lobo no había llegado en un buen momento. Él ya sabía que esa semana sería su último tiempo en el asilo. Los 18 años traían consigo el fin anunciado de un ciclo, la casa de acogida no tendría ninguna responsabilidad para ni con él a partir de ese momento. No es que la tuviera desde hace más de media década, pero lo que sea. Además, había logrado ahorrar lo suficiente para alquilar un pequeño y frío departamento en un callejón sin salida muy lejos de allí.
Para ese momento el ya no era el niño revoloso que habla por doquier, sino que se había vuelto silencioso, calculador y reticente. La ansiedad fue parte del paquete, llegó como un regalo indeseado al cumplir 14. Pero Iseul estaba bien con ello; si iba a compartir sus ideas y compañía, al menos lo haría con alguien al que sí le interesase y le prestase la debida atención. Si es que encontraba a ese alguien. Pero en fin, el dia que su lobo llegó también lo hizo la inspección de la ciudad al Asilo. Alfas, extraños ansiedad, y la tensión de todos los adultos allí no eran poca cosa. Si la revisión no salia bien, las monjas a cargo no estarían para nada felices. Todo debía ir a la perfección. Por ello, era mejor no cruzarse a nadie por los pasillos y no desobedecer ninguna de las reglas.
Como pasa en las mejores tramas de cine, la vida eligió que ese día Iseul llegase 15 minutos tarde por fuera del horario. La bronca fue tremenda, su ansiedad acumulada hasta el momento se disparó como nunca antes y los fuertes y picosos aromas ajenos no hicieron nada para ayudarlo. Su lobo se presentó así, en medio de la entrada del edificio. Harto del maltrato, estresado por su primer aparición pública, cansado y desconfiado de todos allí.
Hasta ese momento, su lobo experimentado se había mantenido al margen de la vida del humano; cosa que sin escapatoria alguna debió revertir, ocupado el rol y lugar que le correspondía. Este desarrollo tardío, producto de la holgazanería de lobo y la opresión sufrida volvería el proceso mucho más confuso para el adolescente.
No era de extrañar que de ese desastre Iseul apenas recuerde algo.
Tras ello, lo unico que quedó fueron sus cosas arrojadas a la calle y su lobo con una herida permanente en su oreja. La mudanza se tuvo que adelantar y el se marchó como pudo.
A partir de allí la vida siguió como pudo. Su lobo, si bien rechazado socialmente por ser un error génetico, se encargó de protegerlo y manterlo sin una bala en la sien. En donde Iseul era curioso, extrovertido y amigable, su lobo interno se volvió desconfiado, desafiante y protector a partes iguales. Le gustaba pensar que, con ello, el destino le acababa de dar una palmadita en la espalda y facilitar un poco de su vida.

V. Two baddies, one Porsche
Un año y medio atrás*, Seul, Corea del sur. Salir de una pandemia mundial a un conflicto armado entre potencias asiáticas no pintaba bien para nadie. Especialmente para un simple profesor de danza urbana. Su casera no perdonaba, aunque llevase viviendo allí casi 7 años. Los precios no sabían de hambre, pobreza o pagos atrasados. Debía encontrar un nuevo empleo, un curro que le asegurase no perder lo poco que había conseguido por si mismo.
"Red Moon Club. En donde tus sueños se hacen realidad". Habia oído los rumores. No sonaba tan mal para él. Al fin y al cabo a la gente le gustaba llenarse la boca con palabrerío, cuando ni ellos mismos eran los santos que solían jurar... Y tampoco es como si fuesen a matar a nadie allí mientras el estuviera ¿No? El solo iria a trabajar allí, tal vez bailar un par de veces, ayudar si se lo requerían; como siempre había hecho. No tenía por qué verse envuelto en nada de otro mundo. Según su experiencia, ni siquiera debería preocuoparse por hacer amigos allí o encariñarse... ¿No?
*fecha real Julio 2023
VI. A home, a heart.. or three
Ok. Muchas cosas habían pasado en el último año. Específicamente desde su llegada al Red Moon Club.
En las playas de Maldivas, se había enamorado, casi a primera vista, del niño de los ojos de zorro más bonitos. Y a partir de allí todo se puso patas arriba, de la manera más bonita. Aunque también de la más peligrosa.
La convivencia llegó como un hábito compartido desde siempre; a adopción de una nueva mascota, fue algo inevitable; y la consumación del amor de ambos en la niña de sus ojos, su caracolito, fue el color que les faltaba en sus vidas.
Pero como ocurre en las mejores familias, la desgracia no tardó en tocar sus puertas en su momento más algido, íntimo y esperado: el nacimiento de su primogénita.

VII. Bye
Él día que nació la pequeña Kairi debió ser, sin duda alguna, el día más feliz para Iseul. La bebé que tanto había esperado llegaba sin preocupación alguna al mundo; pero este le tenía algunas cosas por delante. Un fallido intento de robo por parte de uno, si no el mayor, enemigo de la pareja. Como en una Rom-Com predecible, en donde el malo reaparece en escena una y otra vez, así apareció el Señor Bang en el ala de maternidad y neonatalogía del Hospital.
Para la pareja, no hubo opción más viable, para mantenerlos protegidos, juntos y a resguardo, que emigrar. Atrás quedaron gran parte de sus pertenencias, todo aquello que pudiera ser rastreable se desechó. Aunque les dolió profundamente no les quedó más que cortar casi todos los vínculos que poseían; no era seguro para nadie permanecer allí. No deseaban siquiera imaginar cual pudiera ser el siguiente paso en los planes enfermos de aquel hombre.
¿El destino elegido? Japón.
VII. Back
Y aquí estaba de regreso... Un mes más viejo y con un pequeño y curioso diablillo pisándole los talones. Para ser sinceros, las cosas habían cambiado bastante.
En cierta parte, la apresurada mudanza les había dado nuevas oportunidades. Ahora, por ejemplo, Iseul dirigía su pequeña Escuela y Compañía de danza "Seashell". Lugar que le permitía tener un ingreso estable y un lugar físico propio en donde enseñar, prácticar y, por qué no, introducir a su bebé en el fino arte de mover un pie delante del otro. Pero, claramente, una de las ventajas fue el poder organizar su tiempo a su antojo y compartir espacio con su pareja... Aunque no para los mismos fines.
Otra de las ventajas o desventajas, según desde dónde se la mirase, fue contar con ayuda extra en la seguridad de la familia. Ayuda que apenas era perceptible para sus ojos acostumbradoa aquello.
Pero, tal vez, la más importante y que más emocionaba al sigma era el poder regresar, con todo aquello a cuestas, a su Corea natal. Al lugar que le dió sus amigos más cercanos, a su jagi y al fruto de aquel sentimiento tan puro.
© Untitled. Ipsum sed laoreet venenatis.
